Javier Fernández Iglesias


Nací en  Argentina, pero para todos siempre fui “el gallego”, apodo que desde  niño me acompaño en las distintas etapas y grupos de mi vida.

Siempre me sorprendieron las historias de inmigrantes, a mi entender tienen la particularidad de parecer todas iguales y a la vez son todas distintas.

Mis padres nacieron y crecieron en el campo en las afueras de Santiago de Compostela, se conocieron muy jóvenes y vivieron su temprano amor más allá de la oposición de ambas familias.

España vivía los años posteriores a la guerra civil Española y a la segunda guerra mundial, años duros, de carencias y abundantes  necesidades.

En el año 1950 mi padre llega a la Argentina “pedido” (así se hacia en esa época) por su tía, su primer hogar fue una casilla en un campo donde actualmente esta la cancha de Arsenal de Sarandi.

A los pocos meses se caso con mi madre “a la distancia”, ¿Cómo es eso?, Se casaron con un juez y testigos pero uno en España y el otro en la Argentina. Pasó más de un año para que  mi madre llegue a Buenos Aires, luego de un viaje de 30 días en barco.
Con los primeros ahorros compraron un terreno en Avellaneda y comenzó la historia de dedicar cada minuto libre a construir ladrillo sobre ladrillo lo que luego seria el hogar de ellos y sus cuatro hijos.

Recuerdo las historias de cartas que llegaban preguntando como era “la América”, y con la respuesta nacía una nueva historia de un pariente que pedía a otro, y cuando esto ocurría, ya estaba la pieza lista para el recién llegado. Siempre me sorprendió ese espíritu solidario de ayudar y pensar el futuro compartido en una nueva Patria.

Mis padres nunca fueron a la escuela, salieron de su pueblo solo el día que fueron a Vigo a tomar el buque que los traería al “nuevo mundo”, esto sin embargo nunca fue una barrera para que en todo momento empujaran y apoyaran a sus hijos para que estudien y lleguen lo más lejos posible en la vida.

De chico mi mirada me decía que Buenos Aires y en especial Avellaneda era el lugar en el mundo que mas gallegos aglutinaba por lejos, lo podía sentir en la escuela, se podía oler en el barrio y siempre estaba presente en la relación con los grupos de amigos nuevos .
Con el correr de los años pude percibir fuertemente que en todo momento mis padres tuvieron los pies acá y el alma en su querida Galicia, si bien los años y los hijos hicieron que el corazón quede anclado definitivamente en nuestro país.

Hoy en día mi madre con sus 77 años a cuestas se siente acompañada a la distancia por su querido País, ya que le brindan una ayuda mediante el sistema de pensiones asistenciales para ciudadanos Españoles en el extranjero.

Tanto yo como mis hermanos, hijos y sobrinos nos sentimos españoles en lo cotidiano, en la cultura, la música, la comida o el fútbol, y esto va mas allá de lo que puedan reflejar los papeles que indican el lugar de nacimiento.

Tengo que confesar que la historia de mis padres y de todos sus paisanos inmigrantes, forjaron mi espíritu de sacrificio, ante la adversidad fue el motor para seguir adelante, el empuje para intentar otra vez, el aliento para no darse por vencido jamás.

La mejor herencia que he recibido fue la de su ejemplo de vida, la dedicación y  el amor al trabajo, el valor que le daban a la palabra empeñada, la humildad constante, la actitud solidaria para con todos.

Queridos “Gallegos”, gracias!!!!!!

 Javier Fernández Iglesias
D.N.I. 14.774.887

Un comentario en “Javier Fernández Iglesias”

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LEONARDO
6 de Marzo de 2008 a las 8:09 pm    

Gracias JAVIER por tu historia, tan igual y diferente como vos decís !!!! Te felicito por el relato y me siento muy identificado con todos los valores y ejemplo de vida que citás en el final.
Un abrazo !!!!!

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